viernes, febrero 23, 2007

Vivir contando los días

Nuevas formas de amar y de decirte lo que ya sabes reposan sobre la almohada a la 1:30. El hueco vacío de la cama es la cruz que carga el sueño siete horas cada noche. Vivir contando los días, la asignatura más difícil que queda para septiembre.
Un nombre de hostal, varias fechas y una calle. La luz amarillenta de una tenue farola que ilumina los pasos por las calles empedradas e irregulares de tu ciudad. Una copa que te doy a probar y un silencio de ojos que se encuentran. Retales estampados de pasado que se alternan en la memoria saltándose el protocolo 1440 minutos cada día.
¿Cómo estás? ¿Qué tal el día? Yo bien (te echo de menos), todo sigue como siempre. He escuchado una nueva canción (que me recuerda a ti), te la tengo que pasar, sé que te gustará. ¿No has cogido la guitarra? (me encanta verte tocar) No debes dejarlo. Hoy me han preguntado por ti (me han dicho que me ven más feliz), que cuándo vienes.
Y estiro palabras hasta que oigo "morena" y sé que la tregua termina. "Hasta mañana, descansa". Aprieto el botón del teléfono rojo para abrirle la puerta del cuarto a Ausencia, que regresa de dar su paseo nocturno. Antes de dormir, ella me cuenta un cuento que habla de un aprendiz de torero cobarde y de una gata que se conocen gracias a los avances de una época en la que les ha tocado vivir y en la que no se sienten. Nuevas formas de amar y de decirte lo que ya sabes reposan sobre la almohada a la 1:30.

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miércoles, diciembre 06, 2006

Kilómetro 0


Con olor a incienso de tetería en la habitación y los ecos de una Semana Santa que iniciaba su partida hacia la próxima primavera, tu nombre en una pestaña naranja parpadeante comenzaba a parecerse cada vez más a "la otra realidad" del día, nuestra particular tregua rutinaria. La primera sorpresa llegó en un sobre de Correos, en forma de Ocnos y una invitación lanzada al aire. Poco tiempo antes, asociaba tu pseudónimo a una sonrisa de satisfacción, a un comentario más que agradecido, a una cierta curiosidad por saber cómo sería aquella persona capaz de plasmar tales ideas, qué se escondía detrás de esos pequeños ojos marrones y esa aparente bohemia, que, al final, resultó ser marca de la casa.
Las noches de abril se hicieron cada vez más cortas, los madrugones más duros. Abrir los ojos por la mañana era recordar la conversación del día anterior y poner el pie en el suelo con buen ánimo, tarareando "Belle de jour" o "La reina de África". La complicidad fue creciendo casi sin remedio y empezamos a ver en el otro algo más que admiración literaria y camaradería de gustos compartidos: el miedo por el tropiezo en la misma piedra pronto se disipó.
Dos viajes hacia aquella ciudad de la que estaba enamorada desde que era pequeña, siete días vividos con la intensidad del tiempo limitado y decenas de planes cibernéticos urdidos nos hicieron estrechar lazos, descubrir confidencias, declarar intenciones, y recibir con los brazos abiertos a la serenidad que llega cuando sabemos que en el mundo existe otra persona que piensa en nosotros en algún momento del día.
Madrid te esperaba, nos esperaba. Con el telón de fondo de una incipiente Navidad, llegó el momento de sentarnos a negociar las cláusulas sin condiciones del viaje que estábamos dispuestos a iniciar juntos, en un fin de semana que tú, acertadamente, denominaste "de descubrimientos".
¿Qué mejor lugar que el Km 0 para dar los primeros pasos de un camino común? "Comienzo de los días que han de venir"... ensevillaogranvia.

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jueves, septiembre 28, 2006

Yo, San Miguel y Sevilla

Pues sí, señores, ya pasó, ya pasó. Tantos días esperando y todo vuela a la velocidad de la luz. Ni siquiera da tiempo a pedir un deseo antes de que el cometa desaparezca, aunque la estela perdura y la vemos cuando cerramos los ojos, o cuando los abrimos a la hora en la que suena el despertador y las obligaciones diarias recorren la pantalla de la mente de forma atropellada.
Debería dedicar un post a cada día y buscar la definición perfecta para referirme, uno a uno, a los gestos, los nervios, el miedo. Las sensaciones, los sabores, los olores, las miradas. El color, la luz, las palabras. La responsabilidad, la debilidad, los besos. Tan sólo puedo decir que, si la suerte sigue estando de mi parte, el de San Miguel debe calificarse como fin de semana premonitorio.
Cumplí con mi obligación. Algunos opinan que salí airosa. En cambio, en mi cabeza no hace más que resonar la palabra "mediocre", que se dedica a señalarme con el dedo y a sacarme los colores. No se le pueden pedir peras al olmo, y más cuando al olmo aún le tienen que crecer muchas ramas. Sin embargo, tengo que confesar que me ha picado el gusanillo y que la experiencia no pudo ser más gratificante. Además, conocí a Antonio Ramos "Gaoneras", compañero periodista de desdelcallejon.com. Agradable e interesante compañía sevillana con la que intercambiar pareceres parecidos, al cual devuelvo el saludo e invito a atravesar Despeñaperros allá por el mes de mayo.
Pero todo ha sido mucho más que eso... Javier Ruibal ha puesto música a estos cuatro días con nombre propio y domicilios varios. Sevilla continúa siendo Sevilla, cada vez más unida a mi historia y mis recuerdos. Yo sigo siendo cada vez más yo. No pararé hasta descubrirla a ella y a mí misma por completo y a la vez. ¿Declaración de intenciones? El guante ya está arrojado.
De momento, os dejo en la impagable compañía del cantautor portuense:




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jueves, agosto 24, 2006

Una caricia tuya bastará para sanarme

Hace apenas unos minutos comprendí lo fácil que resulta echarlo todo a perder por un mal pensamiento. Quizá sea el ciclo menstrual, que está a punto de completarse; tal vez esa melancolía que no me abandona, ni tan siquiera en los buenos momentos, ha querido hacer hoy acto de presencia; a lo mejor se trata del instinto de conservación, que a fuerza de experiencias se ha ido haciendo un hueco en los recovecos de mi (¿voluble?) personalidad.
Algo se gesta. A veces puedo escuchar el latido de su corazón, con ritmo acompasado y lento. Sano. Lleno de vida. Quizá precisamente por ser todavía un feto en proceso de formación, cualquier golpe asestado en el vientre donde crece día a día puede resultar mortal de necesidad. Una cornada en pleno pecho, como aquella de la que se cumplieron veinte años por estas fechas la anterior temporada, llevándose la vida de un joven lleno de ambiciones e ilusión. (¿Por qué lo recuerdo precisamente ahora?)
Miedo. Incredulidad. Celos. Inevitable. Demasiado humana. Demasiado impulsiva. Demasiado. Poco. Mucho. Todo. Tú.
Sin saber muy bien lo que digo, en mi habitación azul (como aquella que pintó Van Gogh), a media luz, dejándome los ojos y un pedacito de alma en el ordenador, suena una triste (no podía ser de otra forma) canción de Ismael Serrano. "Si te vas, los árboles del parque seguirán muriendo, y también mi fe. Seguiré olvidándome las llaves al salir de casa, y quizá en tu piel haya quien esconda allí su cansancio, también sus temores, o quizá sus labios".
La noche, tal vez, que me hace vomitarlo todo. Vomitarlo, esa es la palabra. Me marcho con la música a otra parte (léase cama). Mi colchón continúa estando hecho para dos. El problema es que el único en ocuparlo es un cuerpo cuyo norte apunta hacia el sur.

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lunes, julio 24, 2006

Una mirada tuya bastará para sanarme

Regreso a mis orígenes. Entre alberos y clarines paso la noche del domingo, sin que ningún piloto azul (antes naranja) se encienda en mi monitor. El odio falsamente atenuado, hasta hace poco, de Oriente Próximo mantiene al mundo en tensión, los grados centígrados de un termómetro figurado estallan en Marbella y la intromisión de los políticos (y lo que no son políticos) en la Fiesta vuelve a hacer que los cimientos de Las Ventas se tambaleen. Un panorama convulso nos rodea. Sin embargo, yo, como no puede ser de otra manera, echo mano constantemente de la burbuja en la que me encierro con demasiada asiduidad.
Pretendes enseñarme lo que la independencia significa y yo quiero ser una alumna aventajada. Lo necesito. Por fortuna, parece que cada vez aprendo más, aunque tú, profesor, puedes suponer un alma de doble filo para tus propias lecciones. Por lo pronto, en los tiempos muertos, visito webs de futuros e hipotéticos alojamientos, para evitar encontrarme, en una próxima ocasión, con la desagradable noticia de no estar sola en una habitación de hotel.

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martes, julio 18, 2006

Una palabra tuya bastará para sanarme

... un mañana que llega dieciocho días después.
Me pides que selle mi boca, más bien mis manos, y lo único que quiero es gritarlo a los cuatro vientos. Tarde o temprano lo haré. No queda más remedio. Hay experiencias que deben servir de juguete para las musas, ya sabes, esas que desaparecen cuando a Alea se le antoja hacerte una visita. Sin embargo, ese no es ahora el caso. Ella está conmigo y las ninfas van y vienen, con movimientos marinos. Hoy las corrientes de agua salada las han llevado lejos de mí. Varias razones me piden reposo. Esta noche mi imaginación sólo trabaja al treinta por ciento y la censura es fuerte.
Señor, no soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

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