lunes, marzo 17, 2008

Luna de Parasceve

"En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa. Inútil buscarle raíces teológicas o tubérculos históricos. Nace la Semana Santa en sí, para sí y por sí. Es autóctona, autónoma y automática. Nace y crece como una planta. Dura siete días y en este tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana.
Acaba finalmente cuando el postre nazareno se descalza las sandalias y las envuelve en el último número de 'El Socialista'.
El último nazareno, sí tiene su historia y su filosofía. En pesados artículos doctrinales ha leido algo sobre Hegel. También sabe que existe la interpetación materialista de la historia. Pero ahora no se trataba de eso. No se trataba de Largo Caballero. Pero, ¡cuidado!, tampoco del Sumo Pontífice. Se trata de la Semana Santa.
La Semana Santa carece de antecedentes filosóficos y políticos. Es decir, no tiene antecedentes penales.
El último nazareno está contento. No siente haberle hecho traición a nadie. Ni siquiera a la Segunda Internacional. El es, primero, sevillano.
Por lo demás ha cumplido con su deber. En la puerta del Ayuntamiento unos jóvenes tradicionalistas gritaban: ¡Viva la Religión Católica Apostólica Romana! Y él fue uno de los diez mil que pusieron las cosas en su sitio:
-¡No! ¡Que viva la Semana Santa!"

Semana Santa: teoría y realidad
Antonio Núñez de Herrera
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Hace ya más de un día que la primera en Campana entró de nuevo en la Anunciación. La Amargura, la Paz, la Estrella, la Hiniesta... descansan arropadas por la oscuridad de sus templos, escuchando aún los ecos de las marchas tras los pasos y las voces, a la par imperativas y cálidas, de los capataces.
San Pablo se ha hecho mayor, desplegando colas de pavo real en este Lunes Santo que emite sus últimos estertores junto al Cristo del Museo. Aquel tras cuyos moldes - dicen - se arrojó al Guadalquivir Marcos Cabrera, seguro de no ser capaz de crear de nuevo obra similar ("fíjate en el escorzo de la cadera"), acaba de salir de la Catedral, buscando de nuevo la calle Alfonso XII. Tan lejos, ahora; tan cerca, entonces... conciliando el sueño con las notas de una banda, Virgen de las Aguas, en plano de fondo.
Y Santa Marta. Cómo pasarte por alto. Silencio en San Andrés. Río de túnicas negras de cola que anuncian sombras de misterio proyectadas sobre paredes encaladas, poco antes de doblar la esquina. Puertas que se cierran sin reverencia alguna hacia el personal. Ni algarabía ni fiesta. Retazos castellanos en el corazón de Sevilla. Preludios de Vera Cruz.
Llueve en Madrid. A quinientos kilómetros, los de la Candelaria, Santa Cruz y, por supuesto, los Estudiantes, deben de andar alzando, inquisitivos, la mirada -"otro año no, Señor" -, maldiciendo por no tener la capacidad de espantar nubes negras a fuerza de ganas.
Y yo, mientras, con impaciencia de "armao" contando los minutos que restan para la noche del Jueves. La Vieja Dama y yo tenemos antiguas cuentas que saldar a altas horas de la madrugá(da), a la salud de tantos años de imaginación y saetas lejanas en el silencio de una habitación.
Por fin, y si el tiempo no lo impide, Ella se desnudará ante mí bajo la luna de Parasceve.

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martes, enero 08, 2008

"La tristeza es algo que no se puede ocultar ni de lejos. Quizás influye el día, y es que hasta ahora nadie ha podido explicarme por qué son tan tristes las tardes de los días llamados festivos"

Diálogos en la acera izquierda de la Avenida
Rafael Montesinos

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miércoles, agosto 01, 2007

Tras el cristal

A las 21:55 de la noche del pasado domingo, un nutrido grupo de viajeros llenaba el vagón de la cafetería del AVE Sevilla – Madrid, haciendo cola con paciencia de Santo Job para conseguir un bocadillo de jamón que meterse entre pecho y espalda. Al otro lado de la ventanilla, las llamas devoraban un monte de encinas, extendiéndose por el horizonte, allá hasta donde la vista podía alcanzar: era el incendio de Córdoba.
Nadie dijo nada. Nadie parecía darse cuenta de lo que pasaba fuera del tren, lejos del aire acondicionado y los mullidos asientos. Si restamos el número de personas que en ese momento del trayecto se encontraban durmiendo, más aquellas que leían, más los unos que hablaban con el compañero, más los otros cuya ventanilla daba al lado contrario del llameante, la proporción de viajeros que pudieron percatarse de que algo grave sucedía allá afuera tuvo que ser muy escasa.
¿Y los que lo vieron? Los que lo vieron se quedarían perplejos, deseando que aquello terminara pronto, mirando con pena el resto de encinas que esperaba el momento en el que las llamas pasaran sobre ellas. ¿Y qué otra cosa podían hacer? ¿Amotinarse contra el maquinista para que parase el tren y así ayudar a extinguir el incendio? ¿Rasgarse las vestiduras y arrancarse los pelos por el desastre que allí ocurría? No, claro que no, pero así es con todo.
Autocrítica para reconocerse como un mero espectador de lo que les sucede a los demás, conscientes de la miseria a través de una pantalla, de un cristal, desde la atalaya de una seguridad que creemos inexpugnable. Así, hasta que te toca, y vives tu patético momento de gloria mediática, como en una pesadilla, como si lo real pasara la frontera de lo imaginario sin encontrar explicación alguna, deseando que alguien te saque de ese mal sueño y vuelvas a la normalidad, al anonimato, a la rutina odiada de siempre. Si no, que se lo pregunten a los de Canarias…

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viernes, julio 13, 2007

Montesinos desde la acera izquierda de la Avenida

Para vergüenza mía tengo que reconocer que, si hace año y medio me hubieran preguntado quién era Rafael Montesinos, lo más seguro es que habría puesto cara de polaco en mitad de una boda gitana. Claro, que tampoco sabía percibir el matiz existente entre “lo sevillano y lo hispalense”, y llamaba calle Constitución a lo que todo el mundo en la tierra de la Giralda conoce como la Avenida.
Por allí precisamente he estado paseando estos días. Mis acompañantes han sido aquel a quien no conocía y su etéreo, pero muy terrenal, amigo Porfirio. ¡Ambos han hablado de tantas cosas delante de mí! Pero las conversaciones siempre tomaban cuerpo con el telón de fondo de una ciudad que para Montesinos fue igual que el mar para Alberti.
Algo de todo esto ya sabía cuando hace un mes llegó por correo Diálogos en la acera izquierda de la Avenida, obra en la que se recopilan todo los artículos que Montesinos publicó en la edición sevillana de Abc desde enero de 1985 hasta marzo de 1986. En cambio, ahora, y después de haber llegado al final del libro, me doy cuenta de que el poeta que cantó a Sevilla desde el destierro madrileño se ha convertido en una especie de icono, de referente. Un compendio que resume y personifica todo lo que he aprendido en este corto espacio de tiempo, así como todo lo que me queda por saber todavía de la Muy Hipócrita, (como, según el autor, llama su amigo Antonio Burgos a Sevilla). Montesinos era, sin que yo pudiera saberlo, el baluarte de aquello que más tarde terminaría ensalzando de esa ciudad a la que admiraba desde la distancia y aún sin conocerla como yo creía.
Y, lo que son las cosas, yo también he recorrido muchas veces la Avenida junto a otro Porfirio, pero de carne y hueso y mucho más mesurado que el amigo imaginario del autor, o, al menos, eso me hace creer él. Sin embargo, me pongo a hacer memoria y me doy cuenta de que, después de cómo han dejado a esta Gran Vía sevillana las obras del alcalde Monteseirín, las últimas veces nos decantamos por tirar por el centro. Me gustaría saber qué diría Rafael al respecto…
P.D: Éste era el post anunciado.

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martes, mayo 08, 2007

Al igual que un grano en aquella zona


La primera vez que pasé por la Plaza de la Encarnación fue allá por el 2000. Mis padres y yo no teníamos más remedio que coger allí el autobús número 27, que nos llevaba hasta el hotel en el que nos hospedamos durante la Feria de Abril de aquel año. Por más que lo intento, no recuerdo con exactitud qué había por aquel entonces en la zona en la cual están construyendo en estos instantes el polémico Metrosol Parasol.

En cambio, sí sé que en el 2004 habían descubierto en ese lugar las ruinas de una fábrica de salazón de pescado romana y estaban en plena fase de excavación arqueológica. Tal hallazgo hizo cambiar los planes que el Ayuntamiento sevillano tenía para la Encarnación y se decidió levantar en aquellos terrenos el proyecto llevado a cabo por Sacyr, que está convirtiendo la zona en una extraña mezcla de estilos arquitectónicos chirriantes con el entorno.

El famoso Metrosol Parasol, que se espera inaugurar en el año 2008, albergará el nuevo mercado de la Encarnación, un Antiquarium (en el que se podrán contemplar los restos hallados), una zona comercial y otra de restauración. Hasta ahí todo perfecto, ahora, la cosa se empieza a torcer cuando la obra va tomando forma y aquello comienza a asemejarse cada vez más a la casa de un David El Gnomo futurista a escala 100:1. Entonces, una se acuerda de aquellos apuntes tan majos de geografía que estudiaba en el instituto y en los cuales se hacía mención al desarrollo del casco histórico de las ciudades en relación con el respeto por el entorno, porque Monteseirín se los ha pasado enteros por el forro... de los cojones (que si no lo digo me quedo a medias).

Algunos de los que se muestran a favor del proyecto lo comparan con el Centro George Pompidou de París y de paso lo califican como apuesta "vanguardista e innovadora". Esto me recuerda al poco cariño que me inspiran las plazas de toros cubiertas de nueva construcción, que cuando las estaban proyectando iban para polideportivos y hospitales pero decidieron cambiar su cometido en el último minuto y así se quedaron. En fin, que sólo encuentro una forma de denominar al "rompedor" (y nunca mejor dicho) Metrosol Parasol: Es como un grano en el precioso culo de Sevilla.

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jueves, abril 05, 2007

Dos horas y media

Del todo a la nada en dos horas y media. De lo dulce a lo amargo. De la felicidad a la tristeza. De la mejor compañía a la más absoluta soledad. De encontrarse por un momento a volver a perderse por el camino. De la vida en muerte a la muerte en vida. Dos horas y media.
Un vagón de tren desierto, vacío como los días que van a venir, se ocupa de deshacer sonrisas y construir penas. La pesadumbre nos da con insistencia en el hombro para evitar caer en el sueño y las imágenes recientes duelen como punzadas en las sienes al saber que todo cambiará en cuestión de minutos.

Nada consuela, todo duele. En dos horas y media.

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viernes, febrero 23, 2007

Vivir contando los días

Nuevas formas de amar y de decirte lo que ya sabes reposan sobre la almohada a la 1:30. El hueco vacío de la cama es la cruz que carga el sueño siete horas cada noche. Vivir contando los días, la asignatura más difícil que queda para septiembre.
Un nombre de hostal, varias fechas y una calle. La luz amarillenta de una tenue farola que ilumina los pasos por las calles empedradas e irregulares de tu ciudad. Una copa que te doy a probar y un silencio de ojos que se encuentran. Retales estampados de pasado que se alternan en la memoria saltándose el protocolo 1440 minutos cada día.
¿Cómo estás? ¿Qué tal el día? Yo bien (te echo de menos), todo sigue como siempre. He escuchado una nueva canción (que me recuerda a ti), te la tengo que pasar, sé que te gustará. ¿No has cogido la guitarra? (me encanta verte tocar) No debes dejarlo. Hoy me han preguntado por ti (me han dicho que me ven más feliz), que cuándo vienes.
Y estiro palabras hasta que oigo "morena" y sé que la tregua termina. "Hasta mañana, descansa". Aprieto el botón del teléfono rojo para abrirle la puerta del cuarto a Ausencia, que regresa de dar su paseo nocturno. Antes de dormir, ella me cuenta un cuento que habla de un aprendiz de torero cobarde y de una gata que se conocen gracias a los avances de una época en la que les ha tocado vivir y en la que no se sienten. Nuevas formas de amar y de decirte lo que ya sabes reposan sobre la almohada a la 1:30.

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martes, diciembre 19, 2006

"Antes de irme quiero decirle..."

Viernes, 15 de diciembre. Sevilla, Santa Justa. 10:20 horas.
El tren llega con puntualidad británica y los pasajeros, la gran mayoría hombres de negocios con grandes carteras y maletas de fin de semana, bajan al andén ordenadamente y se marchan cada uno hacia una salida distinta.
Yo busco tranquila las indicaciones que señalan la parada de taxis y me sitúo en la cola para tomar uno que me lleve hasta la calle Alfonso XII. Inmersa en mis pensamientos y agotada tras una noche de copas en la que no supe lo que era dormir, escucho de pronto una voz de hombre a mis espaldas: "¿Si? Hola. Soy Luis García Montero, llamaba para preguntar si ha llegado ya el artículo que envié".
Me paralizo. Necesito de unos cuantos segundos para asimilar la información que me llegaba a bocajarro y ya, siendo consciente de lo que estaba escuchando, me giro y compruebo, entre emocionada, sorprendida e incrédula, que sí, que se trata de él. Es el autor de "Habitaciones separadas", libro que llevo en ese mismo instante en la maleta con el objetivo de regalarlo.
Continúa hablando por teléfono, la cola avanza. Analizo la situación y pienso qué decir, qué hacer. Calculo el tiempo que me resta y por mi mente pasan frases que desecho de inmediato. Vuelvo a girarme y le miro a los ojos sin poder disimular mi turbación. Sin embargo, él continúa hablando por teléfono y mi educación me impide interrumpir.
Queda poco tiempo, el siguiente taxi es para mí y me doy cuenta de que algo así no volverá a repetirse, de que cuento con una oportunidad brindada de improviso que no se me puede ir de las manos. Sin pensármelo dos veces vuelvo a mirarle y le disparo la siguiente frase: "Antes de irme tengo que decirle que es usted mi poeta favorito". Él sonríe y con gesto sincero me da las gracias. Yo estoy dispuesta a meterme en el taxi cuando en ese momento es él el que reacciona: "Felipe, por favor, espera un momento". Llama mi atención y me pide que le dé dos besos. Tras ello, cierro la puerta y le indico mi destino al conductor.
Recorriendo las calles de Sevilla, congestionadas por un tráfico feroz, no paro de sonreír, tratando de asimilar lo que acababa de ocurrime. Para aquellos que no lo sepan, admiro como a nadie a Luis García Montero. No creo en las casualidad y es que, ¿sabéis?, mejor prólogo no pudo tener un fin de semana como el pasado. Por algo será.
Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.
"Aunque tú no lo sepas"
Luis García Montero

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miércoles, diciembre 06, 2006

Kilómetro 0


Con olor a incienso de tetería en la habitación y los ecos de una Semana Santa que iniciaba su partida hacia la próxima primavera, tu nombre en una pestaña naranja parpadeante comenzaba a parecerse cada vez más a "la otra realidad" del día, nuestra particular tregua rutinaria. La primera sorpresa llegó en un sobre de Correos, en forma de Ocnos y una invitación lanzada al aire. Poco tiempo antes, asociaba tu pseudónimo a una sonrisa de satisfacción, a un comentario más que agradecido, a una cierta curiosidad por saber cómo sería aquella persona capaz de plasmar tales ideas, qué se escondía detrás de esos pequeños ojos marrones y esa aparente bohemia, que, al final, resultó ser marca de la casa.
Las noches de abril se hicieron cada vez más cortas, los madrugones más duros. Abrir los ojos por la mañana era recordar la conversación del día anterior y poner el pie en el suelo con buen ánimo, tarareando "Belle de jour" o "La reina de África". La complicidad fue creciendo casi sin remedio y empezamos a ver en el otro algo más que admiración literaria y camaradería de gustos compartidos: el miedo por el tropiezo en la misma piedra pronto se disipó.
Dos viajes hacia aquella ciudad de la que estaba enamorada desde que era pequeña, siete días vividos con la intensidad del tiempo limitado y decenas de planes cibernéticos urdidos nos hicieron estrechar lazos, descubrir confidencias, declarar intenciones, y recibir con los brazos abiertos a la serenidad que llega cuando sabemos que en el mundo existe otra persona que piensa en nosotros en algún momento del día.
Madrid te esperaba, nos esperaba. Con el telón de fondo de una incipiente Navidad, llegó el momento de sentarnos a negociar las cláusulas sin condiciones del viaje que estábamos dispuestos a iniciar juntos, en un fin de semana que tú, acertadamente, denominaste "de descubrimientos".
¿Qué mejor lugar que el Km 0 para dar los primeros pasos de un camino común? "Comienzo de los días que han de venir"... ensevillaogranvia.

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jueves, septiembre 28, 2006

Yo, San Miguel y Sevilla

Pues sí, señores, ya pasó, ya pasó. Tantos días esperando y todo vuela a la velocidad de la luz. Ni siquiera da tiempo a pedir un deseo antes de que el cometa desaparezca, aunque la estela perdura y la vemos cuando cerramos los ojos, o cuando los abrimos a la hora en la que suena el despertador y las obligaciones diarias recorren la pantalla de la mente de forma atropellada.
Debería dedicar un post a cada día y buscar la definición perfecta para referirme, uno a uno, a los gestos, los nervios, el miedo. Las sensaciones, los sabores, los olores, las miradas. El color, la luz, las palabras. La responsabilidad, la debilidad, los besos. Tan sólo puedo decir que, si la suerte sigue estando de mi parte, el de San Miguel debe calificarse como fin de semana premonitorio.
Cumplí con mi obligación. Algunos opinan que salí airosa. En cambio, en mi cabeza no hace más que resonar la palabra "mediocre", que se dedica a señalarme con el dedo y a sacarme los colores. No se le pueden pedir peras al olmo, y más cuando al olmo aún le tienen que crecer muchas ramas. Sin embargo, tengo que confesar que me ha picado el gusanillo y que la experiencia no pudo ser más gratificante. Además, conocí a Antonio Ramos "Gaoneras", compañero periodista de desdelcallejon.com. Agradable e interesante compañía sevillana con la que intercambiar pareceres parecidos, al cual devuelvo el saludo e invito a atravesar Despeñaperros allá por el mes de mayo.
Pero todo ha sido mucho más que eso... Javier Ruibal ha puesto música a estos cuatro días con nombre propio y domicilios varios. Sevilla continúa siendo Sevilla, cada vez más unida a mi historia y mis recuerdos. Yo sigo siendo cada vez más yo. No pararé hasta descubrirla a ella y a mí misma por completo y a la vez. ¿Declaración de intenciones? El guante ya está arrojado.
De momento, os dejo en la impagable compañía del cantautor portuense:




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jueves, agosto 24, 2006

Una caricia tuya bastará para sanarme

Hace apenas unos minutos comprendí lo fácil que resulta echarlo todo a perder por un mal pensamiento. Quizá sea el ciclo menstrual, que está a punto de completarse; tal vez esa melancolía que no me abandona, ni tan siquiera en los buenos momentos, ha querido hacer hoy acto de presencia; a lo mejor se trata del instinto de conservación, que a fuerza de experiencias se ha ido haciendo un hueco en los recovecos de mi (¿voluble?) personalidad.
Algo se gesta. A veces puedo escuchar el latido de su corazón, con ritmo acompasado y lento. Sano. Lleno de vida. Quizá precisamente por ser todavía un feto en proceso de formación, cualquier golpe asestado en el vientre donde crece día a día puede resultar mortal de necesidad. Una cornada en pleno pecho, como aquella de la que se cumplieron veinte años por estas fechas la anterior temporada, llevándose la vida de un joven lleno de ambiciones e ilusión. (¿Por qué lo recuerdo precisamente ahora?)
Miedo. Incredulidad. Celos. Inevitable. Demasiado humana. Demasiado impulsiva. Demasiado. Poco. Mucho. Todo. Tú.
Sin saber muy bien lo que digo, en mi habitación azul (como aquella que pintó Van Gogh), a media luz, dejándome los ojos y un pedacito de alma en el ordenador, suena una triste (no podía ser de otra forma) canción de Ismael Serrano. "Si te vas, los árboles del parque seguirán muriendo, y también mi fe. Seguiré olvidándome las llaves al salir de casa, y quizá en tu piel haya quien esconda allí su cansancio, también sus temores, o quizá sus labios".
La noche, tal vez, que me hace vomitarlo todo. Vomitarlo, esa es la palabra. Me marcho con la música a otra parte (léase cama). Mi colchón continúa estando hecho para dos. El problema es que el único en ocuparlo es un cuerpo cuyo norte apunta hacia el sur.

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lunes, julio 24, 2006

Una mirada tuya bastará para sanarme

Regreso a mis orígenes. Entre alberos y clarines paso la noche del domingo, sin que ningún piloto azul (antes naranja) se encienda en mi monitor. El odio falsamente atenuado, hasta hace poco, de Oriente Próximo mantiene al mundo en tensión, los grados centígrados de un termómetro figurado estallan en Marbella y la intromisión de los políticos (y lo que no son políticos) en la Fiesta vuelve a hacer que los cimientos de Las Ventas se tambaleen. Un panorama convulso nos rodea. Sin embargo, yo, como no puede ser de otra manera, echo mano constantemente de la burbuja en la que me encierro con demasiada asiduidad.
Pretendes enseñarme lo que la independencia significa y yo quiero ser una alumna aventajada. Lo necesito. Por fortuna, parece que cada vez aprendo más, aunque tú, profesor, puedes suponer un alma de doble filo para tus propias lecciones. Por lo pronto, en los tiempos muertos, visito webs de futuros e hipotéticos alojamientos, para evitar encontrarme, en una próxima ocasión, con la desagradable noticia de no estar sola en una habitación de hotel.

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