martes, marzo 24, 2009

Una botella al mar

17. Aquel trajecito de torero estaba en un escaparate de la calle Puente y Pellón. Y algún día te haré un regalo de Reyes comenzando con esa frase.

26. Creo que hombres como tú sólo existe uno.

48. Ese Kilómetro 0 sale a mi encuentro todos los días. Y no siempre paso por Sol.

49. Sé lo que es ser consciente de echar a perder lo mejor que uno tiene.

55. Mientes, bellaco. En pizza sí lo soportas.

56. Existe. Créeme. He cambiado radicalmente de opinión. Pero no quiero que tú acabes por darte cuenta de que estoy en lo cierto por culpa mía.

60. Yo también. A la salida de Santa Justa. El mismo lugar desde el que, poco después, me mandaron un beso estampado entra las páginas de un libro. Respecto a Montesinos, creo que no lo voy a entender nunca mejor que dentro de un par de semanas.

68. ¿La memoria me falla en este punto o me diste información incorrecta?

69. A mí la Vieja Dama me juega muchas malas pasadas. Es suficiente con oírla nombrar.

72. Desde luego. Pero podemos decir que formamos parte de un selecto grupo de privilegiados.

74. Ni a mí sin conocer Lisboa, pero no sola.

79. "Un franco por tus pensamientos".

89. Tengo documentos gráficos que lo atestiguan.

95. Yo no soportaría hacerlo por Abad Gordillo, en particular. Tampoco por San Roque. Y qué te voy a decir de Ronda de Triana...

99. Y yo a ti. No te imaginas cuánto.

Etiquetas: ,

martes, marzo 10, 2009

Nunca sabrás

No sé si te acuerdas de mí. ¡Qué chorradas digo! ¡Claro que te acuerdas! Te puedo asegurar que yo de ti, sí. De hecho, aún sigo echando de menos tu figura menuda, moviéndose de un lado para otro. Llegó un punto en el que podía reconocerte de lejos. Ese particular balanceo al andar... Un chaval entre perezoso e indiferente. O, más bien, una especie de actor secundario que interpretó por un momento el papel protagonista, diría yo. Aunque lo cierto es que, ahora que no estás, las aguas han vuelto a su cauce. Para bien o para mal.
Pero, al fin y al cabo, el silencio del "no hay mensajes nuevos en su bandeja de entrada" no deja de ser un alfiler minúsculo que se clava entre las uñas. Igual que el deseo de ver aparecer un pequeño sobre amarillo en la pantalla del móvil. ¡Maldito aparato! Odio ver cómo se ríe de ti cada vez que lo miras, en vano, con la esperanza de encontrar algo nuevo. Seguro que alguna vez has pasado por eso...
En cambio, tú... Tú jamás sabrás de qué lado de la cama prefiero dormir. Tampoco tendrás nunca idea de lo mucho que me gusta escuchar, desde la calle, el sonido de una radio escapándose por el balcón. En la vida te enterarás, me temo, de que los días de lluvia terminan por deprimirme, o que me pone de mal genio que el viento revuelva mi pelo. Cada mañana desayuno un Cola Cao bien cargado, con cereales, y me cuesta horrores ordenar mi habitación. Pero eso es algo que tampoco te importa demasiado. Me hubiera gustado contártelo, ya ves, aun a sabiendas de que poco valía intentarlo.
Y puede ser que tengas razón, ¿sabes? Puede que, en el fondo, mi nariz sólo tenga de hebrea lo que yo le quiero atribuir. También es posible que, por mis venas, corra algo de sangre ceutí. Y es que España - como tú decías - no es más que un queso hecho de mil leches.
Y aquella canción... La escucho todos los días. No por ti, no te creas, aunque me siga recordando... Pero es que es buena para cargar pilas a primera hora. Tiene mucha fuerza, como bien sabes. Y, cada minuto que pasa, 'our time is running out' y hay que saber aprovecharlo. De todos modos, yo nunca tuve mucha idea de cómo poder hacerlo. Así me va.


Etiquetas: ,

martes, febrero 17, 2009

No quiero ser Jane Austen

Mira, me estoy volviendo loca. Se supone que hay que escribir algo, ya sabes, y no me sale una mierda. Planteamiento, nudo y desenlace. No empezar con una mañana al levantarse ni situar la escena en un bar. Hay que meter algún que otro indicio sobre el que se asiente la acción, y queda absolutamente prohibido terminar diciendo que todo ha sido un sueño. De cajón, ¿no? ¿Que es fácil? ¡Ja! Si fuera fácil no estaría yo ahora mismo soltando polladas, ni resumiendo en tres malditas líneas todo lo aprendido en cuatro meses.

Pero, ¿sabes qué? Desde la calle Embajadores venía yo pensando en cómo poder utilizar toda esta teoría para contar una historia que hablara de orgullos y de prejuicios, ¿me entiendes? Vamos, lo mismo que explicó una vez Jane Austen, pero sin hijas casaderas de familias venidas a menos ni ricos herederos de moral a prueba de manchas (¡Joder! ¿Cómo pude leerme eso?) Yo, más bien, pensaba en un relatillo que empezara diciendo algo así como 'al principio, me caías como una patada en el culo', que suena más auténtico. ¡Ah! Esa es otra movida, que, para escribir un cuento, éste tiene que tener un inicio con mucho gancho. Yo creo que, en esta historia, esa frase estaría bien para comenzar, ¿no? Luego, el texto debería mantenerse con algún que otro golpe de efecto. ¿Qué te parece si siguiera comentando que la culpa de todo la tiene un señor con cara de libro en blanco? Bueno, o casi en blanco, con alguna que otra línea escrita y un prólogo demasiado largo, demasiado vago, de esos que decides saltarte para entrar de lleno en la acción. Lo que pasa es que, a veces, para entender bien una novela, hay que leérselo todo desde el principio, ¿no crees?

Bueno, que me pierdo. Y ese es otro gran problema: el tener muchas cosas que contar. Así, a bote pronto, me apetece hablar de dos Jack Daniel's con hielo, por ejemplo. Es una buena imagen... Pero también podría serlo la de un ramito de siemprevivas. Y aquí meteríamos un buen símbolo, el de las siemprevivas. Eso está bien, ¿sabes? Hay gente que puede no pillarlo, pero ahí queda para el que quiera entenderlo... Y es que no es lo mismo hablar de siemprevivas que de crisantemos, ¿a que no? De la misma manera que no es igual tomarse un Viñas del Vero de uva impronunciable que un Protos de origen dudoso, ¿entiendes?

Y luego está lo del final. Eso es lo que a mí más me cuesta. ¿Por qué? Pues porque es muy fácil el meterse en una historia, ¿sabes? En un primer momento, se te pueden ocurrir muchas ideas. No es demasiado complicado el componer un buen inicio, pero el final... El final es otra cosa. Te lías, te lías y luego no sabes por dónde seguir, ni qué hacer para que los personajes y la trama mantengan vivo el relato. Pero te digo una cosa, en clase tenemos pensado escribir algo en común. Yo creo que puede resultar bastante interesante, ¿tú qué piensas? Y es que, ahora mismo, mi problema es otro, porque me temo que esta historia en la que venía yo pensando desde Embajadores no voy a poder escribirla sola. ¿Te importaría echarme una mano?

Etiquetas: ,

miércoles, noviembre 26, 2008

No past land

Russian Red, ya ves. Desde que vi "Camino" no paro de escucharla. Me importa un carajo si es buena o mala. A mí me gusta. Por lo visto, en esta canción, la chica habla de una situación nueva, una "tierra sin pasado", traduciendo literalmente. Vamos, que todavía no le ha dado tiempo a pensar algo así como "la has cagado, princesa". Pero que no se haga ilusiones, porque tarde o temprano lo hará. O la putada se la harán a ella. Da igual.

Todos metemos la gamba alguna vez. Tú, yo y el vecino de enfrente. La cuestión está en saber aceptarlo. A veces, además, no queda más remedio. Incluso es necesario, no te voy a decir que no. Para ser uno mismo. Y sabes muy bien a lo que me refiero. Por eso no sirve que le des más vueltas, aunque soy consciente de que no me harás ni puñetero caso. Esos ojillos enormes seguirán mirando sin mirar, viendo cosas limitadas por una circunferencia; por unas cuantas hectáreas de terreno, iluminadas por el fuego de una chimenea en invierno.

Pero, ¿sabes qué te digo? Los que siempre se han mantenido en la superficie terminan quemados por el sol. Andar permanentemente en contacto con el cieno te da otra perspectiva. Y no me mires con esa cara tan escéptica, que te veo. Tampoco intentes debatirlo. No me vas a engañar porque en el fondo somos de la misma opinión. Tú y yo vamos parejos, angelito.

Y no sé... Quizá vuelvas a sacudir de pelos la alfombra delante de un vino de Rueda y de un platito de pulpo. No te preocupes, no me importa que la mesa se llene de microbios. Tú también te has tragado los míos en más de una ocasión. Lo malo es que la maquinaria se haya puesto a funcionar a demasiada velocidad, y que esa "tierra sin pasado" ya no sea tal. "Past land" no es un buen título para una canción, ¿no crees?


Etiquetas:

domingo, julio 06, 2008

En los corrales de Santo Domingo



Yo no lo haría ni por todo el oro del mundo. Eso de meterme entre una masa desbordada por el jolgorio que espera a que alguien grite lo de "¡Viva San Fermín!" para empezar una fiesta de desenfreno durante siete días no va conmigo. Vamos, que de envidia nada.

Sin embargo, para mí un verano no es verano si desde el 7 al 14 de julio no me pongo delante de la televisión a las ocho en punto de la mañana. Corrales de Santo Domingo con luz dorada de día recién estrenado, un cohete que estalla en el cielo, sonido de cencerros de unos cabestros que se desperezan azuzados por los pastores, las voces de los mozos que esperan con la adrenalina a tope la llegada de la manada, cascos de pezuñas apuradas sobre el asfalto... Todo eso me ha acompañado cada julio desde que era muy pequeña.

Pero la jornada sanferminera empezaba mucho antes. "Vamos, Covi. ¿Te quieres levantar para ver el encierro?" Echar los pies fuera de la cama. Coger las gafas con movimientos torpes. Tambaleo por el pasillo hasta el salón. Y Javier Solano dándote los buenos días desde el televisor. Porque para mí la voz de Javier Solano siempre será la voz de los encierros de San Fermín. Ahora y cuando tenga 80 años.

Gracias a él, te enteras de que los toros de Miura corren siempre los domingos, porque habitualmente se comportan como ovejitas luceras en el trayecto hasta la plaza, y no hacen por la ingente cantidad de mozos que abarrota el itinerario. O que los de Jandilla suelen ser jodidos, y que uno del Marqués de Domecq mató en el 95 a un extranjero, última víctima mortal por asta de toro. Y respecto a ganaderías, para mí el nombre de Cebada Gago siempre va asociado a Pamplona. Cada vez que escucho a alguien citarla, es como si fuera el propio Javier Solano el que la estuviera mentando.

¿Y qué me decís de los anuncios? Yo no sé ustedes, pero el tragarse la publicidad también forma parte de cada mañana de San Fermín. ¿Os acordáis de aquel señor de bigote que probaba un espárrago con tanta fruición como seriedad, intentado discernir si era digno de recibir la denominación de origen "espárrago de Navarra"? Pero ahí no acaba la cosa: "Dueeeeeeeeeeermen, y yo Moshy ayudo a su descaaaaaaanso. ¡Con almohadas confortables! Edredones nórdicos Moshy-cálidos. ¡Cubrecolcohes Moshy-prácticos! Descansa tranquila..." Aceite de oliva Urzante. Queso de oveja Idiazábal, 100% puro de oveja latxa. Pimientos del Piquillo Dantza. "Al pan... Pamplonica". "¡Coño cariño, son casi las ocho! Me voy a correr detrás de tuuuu maridooo. Mmmmmm.... ¡Sanfermín.com!" Y, entonces, vuelta a empezar, porque "Helvetia Seguros les ofrece la repetición de los encierros de San Fermín".

Poco importa lo que suceda por la tarde en el Coso de la Misericordia. El cénit de estas fiestas se vive cada día a primera hora de la mañana. Sí, desde luego, la de Pamplona es plaza de primera y triunfar en ella tiene mucho mérito... sobre todo porque hay media plaza que no te está haciendo ni puñetero caso mientras tú te pones delante de un toro. Lo siento mucho, pero si yo fuera torero y tuviera la posibilidad de escoger contratos, no pisaría la ciudad navarra.

Mañana, la cuesta de Santo Domingo, la plaza del Ayuntamiento, Mercaderes, Estafeta y Telefónica volverán a ser el centro de todas las miradas. Por allá estará alguien que conoce los sanfermines como nadie. No dejen de leerlo. Eso sí, cuando todo termine, porque en estos días va a andar un poco ocupado... Comparado con él, todo lo que los demás (incluida yo) les puedan decir es tontería.

Los primeros toros que verán las calles de Pamplona este año esperarán desde esta noche en los corrales de Santo Domingo.

La imagen, de aquí

Etiquetas: ,

sábado, junio 21, 2008

Sólo para tomar impulso

Una vez escribí por ahí que, a veces, uno se limita a vivir experiencias, a almacenarlas en el disco duro para poder después estamparlas en el procesador de textos. Pues bien, ya sé que no sirve de excusa, pero en este mes he hecho un acopio increíble de vivencias que sé que tarde o temprano van a terminar saliendo por algún sitio.
Ya saben ustedes que no he dejado de darle al teclado en todo este tiempo. Por causas de fuerza mayor, la actividad bloguera cambió de dirección y, para no hacer que el raccord de esta película se vaya al garete, pueden ir atando cabos si se pasan por la Andanada del 9. ¿Por qué? Pues porque esto no se quedó en la convocatoria morantista y, desde entonces, han pasado muchas cosas dignas de mención.
Pero vamos, que mi Mundo por Montera no cambia de rumbo y seguiremos dando rienda suelta a nuestras particulares rayadas mentales, mientras que los toros serán temática exclusiva de ese rincón de Las Ventas... o eso parece.
A decir verdad, ha habido muchos momentos en los que hubiera necesitado echar mano de Blogger, y es que las consecuencias de tantos cambios ya empezaban a dar avisos. Por mi cabeza han pasado gatos negros que se cruzan por el camino en noches de conciencia apaleada, sorpresas vestidas de blanco que salen a tu encuentro al doblar la esquina, un futuro híbrido con cabeza de incertidumbre y cola de ilusión contenida, pero - sobre todo - dos profundos e insondables ojos oscuros que miran con la misma atención que prestan a cada segundo de su vida.
Todavía queda mucha información que desglosar...

Etiquetas: , ,

martes, abril 08, 2008

Trouble

731 días...
No hay otra posibilidad. Lo sabes, pero es mejor engañarse; andar de puntillas sobre la evidencia; darle prórrogas al tiempo; actuar por ensayo - error hasta hacer estallar el cristal de la probeta.
Las manos atadas a la espalda esperaban el tiro de gracia. Mientras, tú pasabas los días esperando un indulto que tardaba en llegar. La petición, finalmente, fue escuchada. Sólo que no fue tuya la causa.
[...]
"ya...trágate la otra opción que piensas, no es momento de decirla,,,.....pero es curioso, sé que ella está pensando en la otra opción tambien!!!....lo sé, jejeje, pero alto, omítela, la nada siempre es la nada, y total si las cosas dan giros de 360º en días, en años y medios...mejor ni pensarlo no!!!!!"
[...]
Y sin embargo, apuesto a que a día de hoy los sótanos del edificio 15 parecerían más vacíos que nunca. Es cuestión de comprobarlo; ocupar un rincón escondido y esperar en vano a que entre alguien con aquella misma suficiencia. Apariencia de situación bajo control. Una sonrisa de medio lado más...
Maktub, Shazadi. ¿Sabes tú dónde están? Tal vez deba buscarlas en un tablero de ajedrez ("el alfil se desplaza en diagonal"), o junto a una taza de té caliente. Una vez me dijeron que sus pasos suenan todavía sobre las piedras, gastadas de siglos, de una ciudad castellana. Quizá tú lo recuerdes mejor... O quizá también lo hayas olvidado.
De tu parte, en cambio, existen ahora más incógnitas. En su día, despejar la "x" no fue un grave problema para superar la asignatura. Pero decidí desertar de un campo de batalla que una vez dominé, a sabiendas de que la victoria - a pesar de todo - no era mía.
Día de perros en Madrid. Sé que, en algún punto de la ciudad, esa misma lluvia a ti también te afecta.


Etiquetas: ,

lunes, marzo 17, 2008

Luna de Parasceve

"En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa. Inútil buscarle raíces teológicas o tubérculos históricos. Nace la Semana Santa en sí, para sí y por sí. Es autóctona, autónoma y automática. Nace y crece como una planta. Dura siete días y en este tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana.
Acaba finalmente cuando el postre nazareno se descalza las sandalias y las envuelve en el último número de 'El Socialista'.
El último nazareno, sí tiene su historia y su filosofía. En pesados artículos doctrinales ha leido algo sobre Hegel. También sabe que existe la interpetación materialista de la historia. Pero ahora no se trataba de eso. No se trataba de Largo Caballero. Pero, ¡cuidado!, tampoco del Sumo Pontífice. Se trata de la Semana Santa.
La Semana Santa carece de antecedentes filosóficos y políticos. Es decir, no tiene antecedentes penales.
El último nazareno está contento. No siente haberle hecho traición a nadie. Ni siquiera a la Segunda Internacional. El es, primero, sevillano.
Por lo demás ha cumplido con su deber. En la puerta del Ayuntamiento unos jóvenes tradicionalistas gritaban: ¡Viva la Religión Católica Apostólica Romana! Y él fue uno de los diez mil que pusieron las cosas en su sitio:
-¡No! ¡Que viva la Semana Santa!"

Semana Santa: teoría y realidad
Antonio Núñez de Herrera
----------------------------------------------------------------------------------
Hace ya más de un día que la primera en Campana entró de nuevo en la Anunciación. La Amargura, la Paz, la Estrella, la Hiniesta... descansan arropadas por la oscuridad de sus templos, escuchando aún los ecos de las marchas tras los pasos y las voces, a la par imperativas y cálidas, de los capataces.
San Pablo se ha hecho mayor, desplegando colas de pavo real en este Lunes Santo que emite sus últimos estertores junto al Cristo del Museo. Aquel tras cuyos moldes - dicen - se arrojó al Guadalquivir Marcos Cabrera, seguro de no ser capaz de crear de nuevo obra similar ("fíjate en el escorzo de la cadera"), acaba de salir de la Catedral, buscando de nuevo la calle Alfonso XII. Tan lejos, ahora; tan cerca, entonces... conciliando el sueño con las notas de una banda, Virgen de las Aguas, en plano de fondo.
Y Santa Marta. Cómo pasarte por alto. Silencio en San Andrés. Río de túnicas negras de cola que anuncian sombras de misterio proyectadas sobre paredes encaladas, poco antes de doblar la esquina. Puertas que se cierran sin reverencia alguna hacia el personal. Ni algarabía ni fiesta. Retazos castellanos en el corazón de Sevilla. Preludios de Vera Cruz.
Llueve en Madrid. A quinientos kilómetros, los de la Candelaria, Santa Cruz y, por supuesto, los Estudiantes, deben de andar alzando, inquisitivos, la mirada -"otro año no, Señor" -, maldiciendo por no tener la capacidad de espantar nubes negras a fuerza de ganas.
Y yo, mientras, con impaciencia de "armao" contando los minutos que restan para la noche del Jueves. La Vieja Dama y yo tenemos antiguas cuentas que saldar a altas horas de la madrugá(da), a la salud de tantos años de imaginación y saetas lejanas en el silencio de una habitación.
Por fin, y si el tiempo no lo impide, Ella se desnudará ante mí bajo la luna de Parasceve.

Etiquetas: , , ,

jueves, febrero 28, 2008

24 años

Las paredes estaban pintadas en verde y blanco. El suelo era de terrazo moteado. Los altos ventanales, de cristal esmerilado, sólo dejaban entrever las formas del exterior. Aún podría recorrer sin dificultad cada clase, llegando hasta el despacho del director, los baños o el aula de mecanografía. El olor a plastilina de la clase de parvulitos. La humedad que saltaba a la cara cada vez que bajábamos al gimnasio. Las espalderas, el potro y la colchoneta descansando en un oscuro rincón. Instrumentos de tortura para los que creíamos que nada bueno puede conseguirse poniendo el cuerpo del revés.
La medida de nuestro tiempo estaba marcada por lo mucho o poco que faltaba para la próxima excursión o para las vacaciones de verano. Llegar a 5º de EGB suponía un antes y un después en tu paso por el cole: por fin podías formar parte de la función de Navidad que organizaba cada año Doña Loli. "¡Salve, pastores de Judea! [...] ¿Habéis visto pasar por aquí una estrella nueva, distinta de todas las otras?"
Los veinte duros del abuelo daban mucho de sí. En cambio, las más de las veces solían intercambiarse por un buen manojo de chuches: una bolsa de Glubbins, otra de gusanitos, tres variedades distintas de regaliz, dos fresas, una moneda de chocolate y tres moras. Suficiente aprovisionamiento para afrontar a golpe de sonrisa el fin de semana.
Los domingos, en el campo. La paella con sabor a humo. Las ortigas. Recorrer caminos dando pedales, imaginando cómo será el sitio donde va a dar esa vereda por la que ahora nos llevan. ¿Un arroyo? ¿Una arboleda? Nada como Valdagueras. Luego, mientras los mayores se afanaban en plantar nuevas matas de sandía, yo me pasaba las horas balanceando sueños sobre aquel columpio rojo...

-¿Sabes que una parte del colegio es ahora es una tienda enorme de "todo a un euro"?
-¿Pero qué me dices, mamá?
- Ya ves...
Y cada día, camino de la estación, veo aquel solar donde me desollé las rodillas jugando al "rescate", donde crié fama parándolas todas cuando me ponía de portera, convertido en una maraña de malezas y desperdicios. A la vez, aquellos nombres y apellidos de compañeros que en su día aprendí de memoria comienzan a ser difíciles de recordar. Al comprobarlo, una extraña angustia, causada, quizá, por la certeza de que aquello que no se recuerda se convierte en algo que nunca ha existido, aparece en la boca del estómago.
Si sólo fuera eso... Ahora, sentada sobre el columpio rojo ya no podría mirar hacia arriba para ver pasar las nubes, como antes hacía. La vista, parecer ser, está tapada por la carretera que han decidido construir sobre la más ilustre representación de mis juegos de niña.


Etiquetas: , ,

martes, febrero 26, 2008

A un francés en los Carabancheles

Llevo dos días dándole vueltas a cuál sería la forma más adecuada de decirlo, pero veo que estoy perdiendo facultades. Por ahí me han pedido que escriba algo sobre un personaje determinado, y yo he respondido que no se merece cualquier bodrio sentimentaloide. Para juntar palabras que no harían más que unirse a la cantidad de desafortunados textos en versión Oráculo de Delfos del siglo XXI que le han dedicado desde hace un año, mejor dejar descansar al teclado. Pero no se preocupen, que ahora la cosa no va por ahí.

En esta ocasión, el que me ha hecho cavilar, el que me ha incitado a estrujar estas neuronas en la búsqueda de algo digno que brindarle, ha sido una de esas personas que, una lo sabe, va a encontrarse en muy contadas ocasiones a lo largo de su vida. No estoy diciendo que la gente magnífica no abunde por el mundo (¿lo dejamos en la mitad del personal?), sino que hay ciertos sujetos que pasan por nuestro lado sin hacer aparente ruido, pero activando unos extraños mecanismos perceptivos que anuncian a bombo y platillo que lo que hay allí se sale fuera de la norma.

El caso es que ha venido desde Francia para poner de acuerdo a todo el que lo escucha, exponiendo sus teorías con la serenidad propia de quien sabe muy bien cuál es el terreno por el que pisa, aceptando de buen grado las ideas contrapuestas, y haciendo del diálogo y la reflexión el eje sobre el cual todo gira. Sólo queda pedir que algunos no decidan celebrar el bicentenario del 2 de mayo emulando a los madrileños. Los franceses, en esta ocasión, vienen con ánimos de ayudar y pueden terminar, aburridos, por coger carretera y manta.

Y aunque ésto no sea lo más idóneo que escribir sobre él, El Mundo Por Montera tenía que dar cuenta del temblor sísmico de 7 grados en la escala Richter registrado este fin de semana, porque lo mejor de estos días, sin duda, ha sido conocer a Francis Wolff.

Etiquetas: , ,

sábado, enero 26, 2008

Afilando ideas


Acaba de saltar en el reproductor de Windows. Me recuerda mucho a ti. Supongo que tiene bastante que ver con aquella presentación de Powerpoint que te hicieron hace ya algunos años unos cuantos colegas (ejem...) en una nave perdida en mitad de La Mancha. Allí andábamos también tres personajes con viaje de ida y vuelta para despedirte antes de que pegaras la espantá londinense, ya sabes. Y la pobre Marta...
No tenía ni idea de que te gustara tanto. En cambio, ¿sabes que es perfecta? Como lo oyes, tío (bueno, mejor lees). Medio gamberra, con mucha fuerza y sin ninguna concesión a la galería. Vamos, lo que viene a ser más o menos tú. Sí, aunque la fuerza se convierta en demasiadas ocasiones en ganas de quemar el mundo, pero para que salga ardiendo con toda su puñetera carroña dentro.
El tiempo, a veces, tarda mucho en poner a cada uno en su sitio, dejando perdida de la mano de Dios a la gente que tiene los huevos suficientes como para hacer una tortilla cojonuda... y darle la vuelta, ya de paso.
Mientras buscamos la fórmula matemática que dé con la solución del problema, resulta curioso pensar cuáles son las casualidades que te hacen terminar compartiendo ideas sobre lo divino y lo humano con ese chaval que también escribía cartas en aquella revista. Creo que al final vas a tener razón y resulta que en el fondo todos somos siempre los mismos.
Tardes como esta reafirman mi teoría de que no hay nada como tomar un café con un buen amigo, aunque sea en La Esquina del Bernabéu. Piénsalo fríamente y sin tener en cuenta las circunstancias: ¿qué coño hacíamos tú y yo en La Esquina del Bernabéu? Es tan contraproducente como invitar a tus compañeros los gemelos a un bar de putas...
¡Y vuelve, que Morante sólo hay uno!

Etiquetas:

sábado, octubre 27, 2007

Time of your life

Quizá, uno de los tópicos literarios más manidos sea el de Carpe diem. Es himno de los niñatos a los que les va el rollo desfase con los colegas los fines de semana, flipar con su tunning por las calles de la ciudad, y poner a Camarón o un poco de hardcore a toda hostia en la radio del coche. Lo usan como subnick en el Messenger, intentando recordar lo poco que se les quedó de clase de Cultura Clásica o Literatura en el instituto, sin saber muy bien si era una frase griega o latina. Lo sé de buena tinta.
Carpe diem viene a resumir también muchos de esos e-mails que ya me he cansado de abrir y decido marcar como eliminado sin pararme a leerlos tan siquiera. Sí, esas estupendas presentaciones de Powerpoint con música de Enya, paisajes idílicos y consejos budistas o del psicólogo de la esquina. No sé cómo existe ser humano en el planeta capaz de soportarlos y, mucho menos, de reenviarlos o, lo que es peor, de hacerlos.
Beatus ille, Ubi sunt? o bien Tempus fugit son, en cambio, los que más interesantes me han parecido siempre. Sin embargo, parece ser que Carpe diem se ha puesto celoso, y va pidiendo una reinterpretación propia a grito pelado. Me ha confesado que está harto de que se le use de cualquier modo. Me parece que lo que necesita es que los que quieran colocarse bajo su nombre, sepan utilizar el tiempo a su favor y no que lo utilicen como excusa para ponerse hasta las trancas de... de cosas que no se encuentran en la farmacia. Me ha dicho que si le puedo echar una mano. De momento, lo estamos intentado, a ver qué sale.

Etiquetas:

miércoles, mayo 30, 2007

Ordinary World

A partir del jueves ya nadie podrá encontrarme en la calle con nombre de pintor sevillano. Velázquez se suma así a los lugares que fui abandonando a medida que superaba cada periodo vital: Santa Teresa, Dolores Ibarruri, Carlos III. A partir del jueves, dejaré de cruzarme por la calle con pijos encantados de haberse conocido a sí mismos, con niñas excéntricas, con chicos de pelo lacio calculadamente desordenado, con poderosas cuentas bancarias. Mis vaqueros de camuflaje, mi cazadora de cuero y mis camisetas de 10 euros de Stradivarius dejarán de asimilarse a calvos en peluquerías.
No abandono el periodismo, tampoco los cuernos, pero sí debo anunciar que los únicos textos que lleven mi nombre impreso sólo podrán leerse aquí, en mi blog. Ha llegado el momento de bajarse del tren para hacer trasbordo con destino Aúnnosesabemuybiendonde. Me limito a seguir mi camino. En él sólo voy dejando livianas huellas de gaviota, de esas que se borran cuando sube la marea. Todavía no he aprendido a pisar fuerte y creo que es algo que nunca lograré hacer.
P.D: Cierto Rosa, estoy segura de que sabías muy bien por dónde iban los tiros ;)

P.D2: There's an ordinary world somehow I have to find

Etiquetas:

miércoles, abril 25, 2007

Mago de Oz

Lo más triste para una persona a la que le gusta escribir es no tener nada que decir, o creer que aquello de lo que puede hablar seguramente no resulte interesante al receptor. Teorías de la comunicación y del relato informativo han estado pasando por encima de la mesa de mi escritorio durante cuatro años que realmente no se hicieron tan largos, que sólo fueron conducidos por la inercia de una rutina cómoda, fácil de llevar. Amable, en una palabra. De poco me sirvieron, o más bien de nada. Han formado parte de todas esas cosas que se aprenden con el único objetivo de aprobar, sin archivarlos en la memoria caché de nuestro cerebro.
Si con 18 años hubiera tenido la experiencia que tengo ahora, con 23, las cosas habrían sido muy distintas y yo ahora me sentiría satisfecha de haber podido escoger el camino que siempre me dictó la conciencia, desde que comencé a hacer conjeturas sobre lo que habría debajo del suelo que pisamos aún teniendo una relativa corta edad. Sin embargo, ese camino de baldosas amarillas ya sabe dónde está su Mago de Oz. Puede ser que la decisión no haya sido la más correcta, que tome el camino de los borregos que no están hechos para la lucha, pero sé qué es lo que quiero y cómo voy a lograrlo. Ahora sólo espero contar con un poco de suerte.
P.D: Este es el resultado de escribir dejando suelta la mente, que termino desembuchando.

Etiquetas:

lunes, abril 23, 2007

Que... que...quetequieromucho

"Es como un cachito de pan". Así es como siempre la defino y no me falta razón. Si todos fueran como ella las guerras no existirían, ni los rencores, ni el daño causado a conciencia, de eso estoy segura. Nunca me ha registrado el bolso ni ha dudado de mi palabra. De hecho, cuando tenía que mentir (que buenas bolas he metido por causas de fuerza mayor, léase "chicos") siempre lo creyó todo a pies juntillas, o eso me parece a mí.
Y es que hoy cumple 63 años y doy mi palabra de que no sabe lo que es ser mala. Bueno sí, como todo Tauro, cuando se cabrea, tiene más cojones que el caballo de Espartero y se pone "más pesá que una vaca en brazos", pero es que algo tenía que tener, en caso contrario sería perfecta. Además, de algún lado me tenía que venir a mí también el mal genio, que los genes no se han olvidado de transmitírmelo.
Mío suyo también es el pelo negro, la piel morena, y algunos de esos gestos que me voy descubriendo a medida que pasan los años. Incluso sin verme, sé que está en mi forma de mirar, en mi voz. Como ella, tampoco sé qué significa decir que no y me tomo muy a pecho determinadas cosas.
De hecho, esta noche ha llegado a casa cabreada. Vuelve de Mallorca y no ha pisado la playa por culpa de voluntades ajenas. "Ya sabes Covi, esas cosas que te hacen y te caen mal". (Si tú supieras, mamá, que yo de eso sé mucho... Las dos nos callamos como perras y terminamos reventando, ¿eh?) "Pues no te creas, que les he dicho que yo cedo siempre con ellas, que porque cedan un día conmigo tampoco va a pasar nada" (Si es que somos madre e hija...)
Su vida no fue un camino de rosas. No lo fue y sigue sin serlo. Nació en plena posguerra y en el colegio, para algunas compañeras, siempre fue "roja", pero eso forma parte de otra historia que tal vez cuente aquí algún día. Tan sólo pretendo rendirle un homenaje, sin que ella lo sepa, aunque ahora que llego al final pienso que este mojón no es lo que se merece, precisamente. Que no es mi noche y que tengo tantas cosas que decirle que no sé ni tan siquiera cómo enlazarlas, cómo darles forma:
Que... que... que gracias por todo.
Que... que... que no me imagino nada sin ti.
Que... que... quetequieromucho.
Que feliz cumpleaños, mamá.
Que... eso.

Etiquetas:

viernes, marzo 23, 2007

De mayor quiero ser como él

Mi desencanto cotidiano crece por momentos, por días, por horas, por minutos y por segundos. La culpable es la sensación pegajosa, con complejo de lapa, de haber perdido el norte desde hace mucho tiempo. Lo peor es que el cabrón no aparece, no quiere, sigue escondido y me estoy empezando a mosquear ya en demasía. Bueno, nunca tuve norte, es cierto, siempre fue sur. Eso es lo único que sé.
A ver si con un poco de suerte voy descubriendo verdades irrefutables sobre mí misma a las que agarrarme con fuerza. Una pequeña tablita en el mar, sólo pido eso. Seguro que a partir de ahí me pongo a remar y llego a la orilla... Digo yo.
En fin, sigo con mis plazos diarios, esos que comparo con sobrecitos de felicidad, ya saben. El último fue enorme. Tenía forma de Javier Ruibal y me lo trajeron muy bien compuestito, con envoltorio de Sala Clamores y propina de inmejorable compañía. De mayor me pido ser como él. Quiero tener esa serenidad, esa mirada de satisfacción personal, de "ratón colorao", de estar por encima del bien y del mal. Quién sabe... quizá en eso esté precisamente la clave. Últimamente veo señales por todos lados, sólo que no sé cuál seguir.
Os dejo con una de las canciones que escuché el sábado:


Etiquetas: ,

jueves, febrero 15, 2007

Still haven't found

Todo está oscuro. Acaba de abrir los ojos. La luz de las ocho de la mañana entra por la ventana de su cuarto, pero sigue sin ver nada.
Echa el pie con desánimo a la alfombra. Tambaleante, se coloca a duras penas las zapatillas de estar por casa y aún entre sueños se dirige hacia el cuarto de baño. Piensa: "¿Qué hay de bueno para hoy?" Responde: "Nada". "Entonces, ¿por qué despertar?" Responde: "No hay más remedio" Pregunta: "¿Hasta cuando?" Responde: "No lo sé".
Cabizbaja, coge braguitas limpias, el calefactor y abre el grifo de la ducha. El agua caliente no ayuda a desperezarse. Realmente no quiere hacerlo. Se reafirma en su idea de que son como pequeños plazos diarios que se da para retrasar el momento.
La leche caliente por la mañana, el cigarro después de salir de trabajar, la canción que escucha poco antes de acostarse, su sonrisa de medio lado. Poco más. Plazos, sólo plazos. Pequeñas muestras en sobres de plástico para comprar Felicidad.
La cuestión está en saber dónde se vende.

Etiquetas: ,

martes, enero 30, 2007

Carretera de recuerdos


- J-A-E-N. ¡Jaén!
- Venga, ahora deletréame “Valladolid”.
- V-A-L-L-A-D-O-L-I-D
- Mmmmmmmmmmm. ¿Cuál falta? ¡Yo qué sé! “Barcelona”
- B-A-R-C-E-L-O-N-A

El Citröen LX cruzaba por la A-5 los campos áridos y pedregosos que circundan Trujillo. A la derecha, el pueblo se confundía con el color marrón de la tierra, mientras la alcazaba árabe vigilaba de lejos el trasiego de vehículos, gobernando sobre los siglos de historia que se agrupaban a sus pies en forma de palacios e iglesias.
En la radio del coche, Manolo García daba rienda suelta a los arabescos de su voz, mientras Quimi Portet le acompañaba a la guitarra. “Baña la luna en Escorpio la carretera que piso. Allá voy. Carretera de recuerdos grises como un sucio nubarrón”.
Una niña morena de ocho años ocupaba el asiento derecho trasero. “La parte más segura”, decía su hermano mayor, que manejaba el volante del Citroën gris por la carretera de Extremadura como si llevara haciéndolo toda la vida. Bueno, toda la vida no, pero varios años sí, desde que conoció a Paqui, su novia, en Málaga, en el viaje de fin de curso.
La niña veía el sol anaranjado de las últimas horas de la tarde perderse por entre encinas y alcornoques. No tenía prisa por llegar, le gustaba mirar por la ventana y quedarse embobada observando cada pueblo, cada torre de iglesia, cada cortijo derruido a la orilla de la carretera. Aún así, le hacía ilusión volver un año más a aquella ciudad que tanto le sorprendía. Encontrarse de nuevo con el Guadiana, con el puente romano y con el templo de Diana. Volver a comer aquellos platos tan ricos que preparaba la madre de Paqui. Encontrarse con Juanfran, que cada vez que de higos a brevas se pasaba por Madrid daba una alegría a toda la familia de su amigo.
“¡Mira, ya estamos llegando!”, dijo su hermano que, a continuación, comenzó a entonar la melodía de la canción principal de West Side Story con la letra un tanto variada: “Mérida, Mérida, Méeeeeeeeeeeeeerida, Mérida, Mérida, Méeeeeeeeeeeeeerida”. Ella se echó sobre el respaldo del asiento delantero y abrió muy bien los ojos para que no se le pudiera escapar ni un solo detalle: a la derecha debería aparecer el acueducto de San Lázaro y el hornito de Santa Eulalia lo haría un poco más adelante. El río, ancho, caudaloso como no había visto en su vida otro, le daría la bienvenida al otro lado de la ciudad.
Una vez lleguen, a la noche darían una vueltecita por la calle John Lennon. A ella le daba un poco de miedo ver aquello lleno de tanta gente a altas horas, pero le gustaba ir de la mano de su hermano y entrar en los bares de copas siendo aún una niña. En el local, pediría una Coca Cola y se quedaría quieta sobre un taburete, mientras los mayores hablaran de cosas que no podía ni quería comprender.
Con un poco de suerte, seguro que a lo largo del fin de semana se cruzaba en su camino alguna ruina romana nueva, o tal vez visitaría de nuevo el Museo Romano con su hermano. La verdad es que irse de Mérida sin ver ni una sola estatua manca era como no haber estado allí.
El domingo volvería a casa. No sabía muy bien por qué pero el viaje de regreso nunca era igual que el de ida. Veía los paisajes con desazón, sin querer regresar, como si cada kilómetro que dejaba atrás fuera un motivo menos de alegría. Su ciudad no le ofrecía ningún atractivo particular. No tenía nada. Aún era pronto para saber que años más tarde iba a descubrir que eso era algo que le sucedía en cada viaje, cuyos destinos iban a variar mucho al cabo del tiempo. Su rutinaria vida estival de niña pequeña volvería a circunscribirse a los domingos de paella en el campo, las mañanas entre sábanas y las tardes perdidas de televisión y juego solitario en el patio.
Quince años más tarde, el Citröen LX que tantos kilómetros recorrió entre Madrid y Mérida fue sustituido por un monovolumen de Hyundai, cuya parte trasera la niña de ocho años, ya transformada en toda una mujercita, rara vez ocuparía. El puesto se lo habían quitado sus sobrinos, Jesús y Lucía, que en los viajes de ida a Mérida escuchaban en la radio del coche a los Lunnis.

Etiquetas: ,

martes, enero 16, 2007

Eres Madrid

Calle Velázquez, Paseo de Eduardo Dato, Almagro, Alonso Martínez, Hortaleza, Calle Libertad, Gran Vía.
Algo pesa en la conciencia y el lastre sólo se suelta pateando las calles de Madrid. Las fachadas, los portales, los escaparates, las cafeterías. Cualquier rincón sirve para proyectar en él la rabia, la pena.
Al ver la vida de una ciudad gris de cielo plomizo, la nuestra pasa a ocupar un segundo plano. Somos invisibles. No existimos. Nadie repara en nosotros. Se cumple nuestro deseo de bajarnos del mundo sólo por un momento.
Quizá suceda lo contrario. Comenzamos a sentirnos más vivos al fundirnos con el latido de una ciudad que nos pertenece, que es nuestra, que comenzamos a descubrir, a desnudar. Aún no lo tenemos claro. No hay prisa, ella siempre espera.
Seguro que él también sabe algo de esto. Prefiero la versión en directo, pero la canción viene muy al caso. Suena a Madrid.


Etiquetas:

martes, enero 02, 2007

2007... pues vale

ETA acaba con la tregua, a Saddam se lo cargan y Bulgaria y Rumanía se integran en la Unión Europea. Así termina el 2006 y comienza el 2007. Pero qué les voy a decir que ustedes ya no sepan sobre ello. ¿Qué tengo que decir yo al respecto? Pues que las dos primeras noticias me hacen pensar mucho y que la tercera un poquito. Lo siento pero yo no creo en la unidad de naciones tan dispares entre sí, aunque a todos nos benefice a la larga. Pero, en fin, yo no soy la más indicada para hablar, ya saben.
¿Yo? ¿Cómo he recibido el año? Pues miren, me siento como cuando el despertador suena por la mañana y lo vas apagando cada cinco minutos para quedarte un poquito más remoloneando entre las sábanas. Siento una especie de tristeza continuada, más bien desganada, pero vamos, que es que yo soy así, ya sabén. Nada, o poco, me hace reaccionar y salir de mi permanente estado de letargo.
¿Lo único bueno? Que hace poco recibí un regalo inesperado, justo cuando empezaba a dejar de creer en Gaspar. Es que yo soy de Gaspar, ¿saben ustedes? Le representé en el Belén viviente del colegio, cuando solamente tenía 11 añitos, pero realmente milito en el partido melchorista. Me inspira mucha ternura y le veo como una especie de sabio milenario... Yo qué sé, ideas, no busquen la coherencia.
En fin, a pesar de todo, y como cualquier persona que mantiene esperanzas, intento creer en todos los acontecimientos positivos que me esperan este año. A lo largo del 2006 me sucedieron cosas magníficas, y otras no tan buenas. No se preocupen que no las voy a relatar. Tan sólo espero, como cada mes de enero, seguir creciendo un poquito más como persona y tomar, cada vez, veredas mejor encauzadas.

Etiquetas: